Realicé el curso en Córdoba, concretamente en Naturzoo. Un curso donde tocas absolutamente todas las técnicas de forma práctica. He de decir que gracias a la paciencia infinita de mi profes, sus consejos, su dedicación, su confianza en mí y su profesionalidad he aprendido muchísimo. Lo conseguí. Estoy muy contenta y orgullosa por todo lo que he conseguido.

Gracias a esos compañeros que se han encargado de hacer que cada día fuera único. Por esas risas, conversaciones, anécdotas… ¡Inolvidables!

Me encanta poder trabajar con los peludos. Me fascina el saber que tengo paciencia infinita aplicando mucho orden a la hora de hacerlos, es  como mejor se trabaja . Además de mi rapidez, destaco mi perfeccionismo. Una buena combinación de ambas hace que ofrezca mis mejores resultados. Pero ¡ey! ser peluquero canino implica el constante aprendizaje y mucha pero que mucha práctica.

A veces incluso me considero rara, bueno, mejor dicho, especial; me chifla quitar nudos, me relaja muchísimo. Te vas marcando pequeños objetivos (zonas) y una vez los vas quitando, vas sintiendo una satisfacción enorme.

En cuanto a ellos; cada uno me aporta algo distinto y aunque son muchos los que pasan por nuestras manos, inevitablemente hay algunos que por una cosa u otra te llegan al alma. Por ejemplo el primer perro que hice  me lo puso tan fácil el primer día. El más ladrador, el más revoltoso en la ducha, los que te bañan a ti también (bracos ejem ejem), el que giraba y giraba al secarle, el que te daba besos sin parar, , el que llegó repleto de nudos pero ni rechistó, nuestros queridos perros de agua… Disfruto tanto de esto y de ellos, que el tiempo se me pasa volando, esté más o menos cansada.

Echa un vistazo a ¿Por qué me hice peluquera canina?

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