¡Hola a todos! Hoy no soy yo la que escribo, le he querido dar el privilegio a mi queridísimo hermano, el papá de Eros. Reflexiona sobre el impacto del Covid-19 en la naturaleza y nos trae consigo una muy buena reflexión:

Revolotea de un tiempo a esta parte, inquieto y nervioso, como esas ideas que ansían salir y desean ser escuchadas, un pensamiento en algún lugar de mi alborotado cerebro.

Con tiento, trataré de iluminar la parte del subconsciente en que mora, con la esperanza de que sea leído, quizás comprendido, y porqué no, compartido, por algún espíritu libre con sueños de hacer del mundo un lugar mejor.

Resulta que, ahora que los humanos nos escondemos de un virus, los animales dejan de esconderse de los humanos. Parece ser, que ahora que nosotros paramos nuestras vidas, la Tierra respira y vive de la suya. De nuevo. Por fin. Se antoja irónico, que los pájaros a los que normalmente enjaulamos, vengan a vernos a nuestras casas-jaulas en busca de comida, que en las plazas ya no queda.

No son pocos los vídeos que se van haciendo virales mostrándonos el resurgir del planeta. El maravilloso despertar de una siesta en la que se habían pegado las sábanas. Y se volverá a dormir, sí, dejándonos nuevamente hacer pillerías y travesuras en el espesor de la noche. Pero mientras que encontremos vacuna contra el virus, disfrutemos de la medicina natural.

Seguro que en más de un grupo nos ha llegado más de un vídeo con el no-color del agua del mar en la Costa Brava, con la pureza y transparencia olvidados de los canales de Venecia, con bancos de delfines jugando cerca de las playas, con corzos o jabalíes correteando y paseando por barrios céntrico, con… con mucho. Sin humanos.

Quien se atreva a negar que le hemos ido robando espacio a la naturaleza, soslayando su necesidad de recuperarse, imposibilitando la vida de cada vez más especies, se atreverá a insistir también en que el COVID no es más que una gripe. Pero esto no es para ellos.

Se hace evidente que una vez más, tras tantas y tantas plagas a lo largo de nuestra historia, el orden natural ha sabido encontrar una manera innovadora de ponernos en nuestro sitio, y darse espacio. Recuperarlo. El botón de pausa. Esa pausa que los humanos hemos introducido en todos nuestros medios de reproducción, es la misma pausa que la naturaleza ha utilizado para permitir la reproducción de sus medios.

Pero cojamos lo bueno de este virus. Aprovechemos lo bueno. De todas las adversidades surgen oportunidades. Lo importante es saber aprovecharlas. ¿Por qué no aprender que es posible desempeñar muchas labores profesionales desde casa? ¿Por qué no aprovechar y descongestionar las ciudades, abandonar los edificios abarrotados de oficinas/cubículos, y reducir los desplazamientos de ida y vuelta al trabajo? ¿Por qué no permitir que los padres teletrabajen a turnos durante la semana y puedan cuidar a sus hijos como les/nos gustaría? ¿Por qué no impulsamos la tecnología para ayudar a respirar al planeta y respirar mejor nosotros?

Hagámoslo. O no. Pero ojalá que sí. Porque tenemos una oportunidad excepcional. Nos la ha dado la naturaleza.

En fin. Aquí en mi alboroto neuronal, se atisba algo más de calma. Quizás sea la medicina del desahogo. Aquí, en La Mancha, que tanto invita al recreo intelectual con sus planicies infinitas…  Aquí donde Don Quijote le decía a Sancho: Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es ni utopía ni locura, es justicia”

Fdo: J.A.F.A.

Derechos de autor: Queda prohibida la reproducción o alteración de este texto. Y cualquier tipo de difusión sin citar a su fuente original que es ésta. 

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